ALOP
Trabajamos por la democratización y la
equidad en nuestras sociedades
Boletín # 36
  octubre 2015

Editorial

Destacado

Secretaría Ejecutiva

Centro América, México y el Caribe

Región Andina

Cono Sur y Brasil

Género

Grupos de trabajo

Proyectos en curso

Antena Bruselas

Mensaje de nuestra asociada

 

El desarrollo: re-conceptualización, instrumentos de medición y política pública
Por Eduardo Ballón y Eduardo Toche - desco, Perú

A mediados del siglo XX, las formulaciones del desarrollo casi no se distinguían de las de crecimiento económico, A su vez, se entendía que ese desarrollo representaba sucesivas etapas en el crecimiento, las que fueron descritas por W. W. Rostow (1960). De esta manera, el supuesto era que los países rezagados debían inspirarse y repetir el ejemplo de las economías avanzadas. A inicios de los años 60, ya había empezado a plantearse la necesidad de superar la noción de desarrollo medido por el PBI porque no era útil para medir grados de bienestar.

De esta manera, en los 70 y los 80, los debates plantearon la búsqueda de enfoques alternativos que trascendieran a este indicador, poniendo mayor énfasis en la generación de empleo, la capacidad redistributiva del crecimiento y en la satisfacción de las necesidades básicas de las personas. Un gran impulso a esta tendencia se dio con la introducción del concepto de “sustentabilidad”, en la segunda mitad de los años 80, cuando la Comisión Mundial del Medio Ambiente y el Desarrollo (CMMAD) emitió su reporte final, “Nuestro Futuro Común”, en 1987.

Luego vendría, hacia mediados de la década de los 90, el concepto de desarrollo humano, promovido por PNUD, que se centra en “el aumento de la riqueza de la vida humana en lugar de la riqueza de la economía en la que los seres humanos viven”. En otras palabras, esta concepción de desarrollo considera que el objetivo debe ser crear mejores oportunidades y posibilidades de elección para todas las personas.

Sin embargo, hasta ese momento la noción de desarrollo era singular y, en términos generales, respondía a los criterios que se habían formado desde la experiencia de los países occidentales del Norte. Sin cuestionar la base universalista de los derechos, surgirán en las últimas décadas no solamente nuevos elementos para entender el desarrollo desde las perspectivas de los pueblos sino también nuevos actores que aparecerán al lado de los Estados, como las organizaciones de la sociedad civil y las empresas.

Todo ello apunta a generar otros marcos conceptuales a la idea hegemónica del desarrollo explorándose, como señala Eduardo Gudynas “otros ordenamientos sociales, económicos y políticos de lo que veníamos llamando desarrollo”. Bajo estas alternativas emergentes, viene fomentándose la crítica tanto a la tradición liberal, como a la conservadora y también a la socialista, que adquiere especial connotación en el actual contexto latinoamericano.

Es en este sentido que se hace necesario reflexionar, desde la experiencia latinoamericana, la re-conceptualización de la idea de desarrollo, los instrumentos idóneos para “medirlo” y su plasmación en políticas públicas, no solo estatales sino también en el ámbito de la auto-gestión social.

El contexto latinoamericano

El contexto latinoamericano actual, además, está en una encrucijada (CEPAL, 2014), con diferentes velocidades y heterogeneidad, los países han logrado progresos importantes en la reducción de la pobreza y el desempleo y algún avance incipiente en la distribución del ingreso. Se han consolidado sistemas democráticos en países hasta hace unos años atravesados por guerras internas o regímenes dictatoriales, además de mayor estabilidad macroeconómica, reducción de la deuda pública y algunas políticas contra-cíclicas para mitigar las crisis externas.

Sin embargo, éstos y otros avances enfrentan límites claros para sostenerse o expandirse, resultado de la combinación de factores externos y rasgos internos, entre los que resaltamos:

El fin del super ciclo de los minerales y los hidrocarburos afecta por igual a los distintos regímenes políticos de la región, progresistas y neoliberales. A los expertos y diseñadores de políticas les preocupa que estas perspectivas más acotadas pongan en peligro las conquistas sociales de la última década y empujen a las economías latinoamericanas hacia la llamada trampa del ingreso medio —cuando las perspectivas de desarrollo de un país se estancan.

El ciclo de crecimiento, aunque de manera desigual, no fue cabalmente aprovechado por la región: la diversificación productiva, la generación de empleo con calidad, etc., son tareas pendientes en el continente. América Latina se muestra como una región con una estructura productiva desarticulada, poco diversificada y rezagada, los niveles de inversión bajos y con pobre incorporación del progreso técnico, la altísima informalidad del mercado del trabajo, las grandes brechas de bienestar y capacidades, la precaria gobernanza de los recursos naturales, patrones de consumo con fuertes carencias de servicios públicos y altas presiones ambientales y energéticas, además de alto déficit institucional en materia de regulación, captación y orientación de los recursos.

Aunque la pobreza monetaria como tendencia, disminuyó en la región -aunque de manera desigual- las denominadas "clases medias" son fuertemente vulnerables. Educación, infraestructura, seguridad y servicios de atención a la salud de mejor calidad son ahora el núcleo de las demandas de la creciente clase media de la región.

• La corrupción, que ha sido una constante en ALC, "reemergió" con fuerza en países y regímenes muy distintos: desde México hasta Brasil, pasando por Guatemala y Chile, por citar algunos ejemplos, poniendo en cuestión algunos de los límites más evidentes de nuestros Estados y de gobiernos de distinta naturaleza.

Los últimos 10 años, han sido pues de cambios y continuidades importantes. Pero, la desigualdad, la precariedad, la pobreza y la discriminación, siguen siendo nuestro talón de Aquiles. La democracia se ve retenida por la desigualdad en el acceso a bienes políticos y también a bienes económicos. El resultado permite constatar que las estructuras económicas básicas no han sufrido grandes modificaciones en los países que se alinean con el modelo neoliberal, pero tampoco en los que cuestionan ese modelo.

El ciclo de los denominados gobiernos progresistas parece estar en fuerte crisis, si no llegando a su fin. En ese contexto, democracia y desarrollo, más profundamente nuestro imaginario de cambio, se pone en el centro de la discusión. En ese escenario, un balance y prospectiva de la región, que tenga como telón de fondo el debate siempre inacabado sobre estos aspectos es imperativo.

La sociedad civil y las ONG

Los múltiples cambios que se han producido en la denominada sociedad civil, no son menores, entendiéndose esta como un “espacio” dinámico, heterogéneo y cambiante. Hay un debate pendiente particularmente significativo habida cuenta que el concepto se generalizó en el contexto de las transiciones democráticas de fines de los ochenta, para identificar el espacio en el que se articulaban y desarrollaban las movilizaciones antidictatoriales, estableciéndose una curiosa vinculación entre sociedad civil y movilización organizada, lo que llevó a pensarla con la actividad organizada de los ciudadanos y ciudadanas.

Esta visión que persiste con alguna fuerza hasta hoy día, entraña por lo menos tres problemas: (i) la reducción de la sociedad civil a las organizaciones de la misma, y por esa vía a las ONG; (ii) su reducción a las prácticas ciudadanas que se ubican en los límites de la política; (iii) la negación de aquella como el espacio donde se plantean los conflictos de interés y necesidades y aparecen los vínculos pre-políticos de solidaridades específicas, corporativas o de “clase”.

En este sentido, las ONG van perdiendo la claridad del sujeto. Las primeras, que surgieron como “subsidiarias” de los intereses de otros grupos específicos y “acompañantes” de determinadas clases y alianzas de ellas, en medio de la desestructuración productiva y social de fines de los ochenta e inicios del noventa, transitaron al apoyo y la atención de los carenciados, de los pobres (pobretología) y las víctimas en un contexto en el que simultáneamente se promovía la democracia, para terminar más recientemente buscando responder a distintos intereses y grupos sociales y “especializarse” temáticamente manteniendo el paraguas de la democracia y el desarrollo.

En este proceso, es crucial reconocer la identidad heterogénea de las ONG que tienen ya su propia historia: por lo menos 4 generaciones de ellas, con distintos enfoques, perspectivas variadas, marcos institucionales diferenciados y diversas formas de relación y articulación social entre ellas y con otros actores. Las ONG “misioneras” y “militantes” de los setenta, las ONG promotoras de la democracia - simultáneamente “militantes” y “profesionales”- de los ochenta e inicios de los noventa, las ONG “profesionales” y hasta “tecnocráticas” de la segunda mitad de los noventa y aquellas altamente especializadas y más instrumentales en los temas del día, constituyen un segmento heterogéneo que se define ambiguamente y por negación -“no gubernamental”- escondiendo diferencias que en muchos casos son verdaderamente significativas.

Conclusión

A la luz de estos cambios resulta urgente y necesario reflexionar sobre los factores que incidirán en los procesos de desarrollo y democratización de América Latina en los años venideros y los roles de las organizaciones de la sociedad civil y las ONG. En tal sentido, organizaciones como ALOP, que procura formular propuestas para el logro de un desarrollo humano integral y sustentable y una democracia y un Estado que incluyan plenamente a la sociedad en sus decisiones, deben necesariamente redefinir su proyecto político-institucional respondiendo a una serie de interrogantes sobre el presente y futuro de nuestra región. Urge entonces buscar respuestas a preguntas sobre ¿cómo entender el desarrollo desde la experiencia latinoamericana?, o ¿cuál es la dirección que debe tomar la democratización en la región, bajo contextos económicos e institucionales adversos? así como respecto de ¿cuál es el futuro que podría preverse a las ONG, vistas como un campo vasto y heterogéneo? Solo respondiendo a estas cuestiones, ALOP podrá renovar su misión y persistir en su vocación de constituir un espacio de encuentro, intercambio y debate de ONG y simultáneamente ser sujeto con voz propia y autónoma, comprometida con la lucha por la democracia y la justicia social, vinculada con la movilización social y política de los sectores excluidos.

:: IMPRIMIR


Volver a página inicial

 
www.alop.org.mx | info@alop.org.mx

Si desea suscribirse gratuitamente a este boletín, difundir alguna información, tiene alguna dificultad para abrirlo, o no desea recibirlo, comuníquese con: info@alop.org.mx