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Boletín # 36
  octubre 2015

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América Latina frente a la creciente inestabilidad financiera1

Gregorio Vidal - Profesor-Investigador, Universidad Autónoma Metropolitana de México

El siglo inició con la recesión en la economía de Estados Unidos acompañada de un acelerado y drástico desplome del mercado bursátil de alta tecnología, el Nasdaq. En el segundo trimestre de 2000 el PIB en Estados Unidos disminuyó, modificando una tendencia de crecimiento que se había prolongado por 117 meses, el ciclo más largo de esa economía desde el año de 1949. El Nasdaq, cuyo indicador principal alcanzó los 4573 puntos en marzo de 2000, se desplomó a 1695 puntos en septiembre de 2001, una reducción superior al 60 por ciento. La caída en los mercados bursátiles se generalizó y en varias economías se presentó una recesión aún más severa que la de Estados Unidos.

En América latina son años en que se contraen las mayores economías y se refuerzan los programas económicos que colocan a la austeridad fiscal como la medida principal a ejecutar. Se sostenía que para los países de América Latina había un solo camino, como actualmente se aplica en la zona del Euro: La ejecución de las denominadas reformas estructurales que se sintetizan en la agenda del Consenso de Washington. Una historia conocida en la región desde los años ochenta, cuando con el beneplácito del FMI, del Banco Mundial y de otras agencias financieras internacionales, comienzan a implantarse programas de ajuste fiscal a la vez que se avanza en la apertura de los mercados de la región a los movimientos internacionales de capital con base en los altos niveles de endeudamiento externo con los mercados privados creados antes en unos cuantos años.

Los resultados para las sociedades de América Latina no fueron positivos y se acumularon muchos años con un débil crecimiento o estancamiento en sus economías con aumento en la desigualdad social. Argentina conoce una grave crisis en 2000-2002, pero la situación es igualmente delicada en Brasil y México sigue al ciclo económico en Estados Unidos, con una recesión importante. En 2002 el PIB en Argentina se redujo en 10.9 por ciento. No obstante, en los años siguientes la situación cambia en ese país y se observa un sostenido proceso de crecimiento con una importante recuperación de los salarios. En el periodo de 2003 a 2007 la economía de Argentina registra un crecimiento del PIB del orden del 8 por ciento. También en Brasil se produce un alza sostenida con recuperación de los salarios. Hay un proceso semejante en otros países de América del Sur, como Venezuela, Ecuador, Bolivia y Uruguay. En contraste, la economía de México no logra alcanzar tasas de crecimiento semejantes y, más grave, no se produce recuperación en los salarios, como se observa en gran cantidad de países de la parte sur del continente. La diferencia entre México por un lado y un número importante de los países sudamericanos se explica por la ejecución de políticas económicas distintas. En varias de las naciones al sur del golfo de Darién existe la configuración inicial de una estrategia de crecimiento económico que se distancia de las propuestas del Consenso de Washington.

Desde finales de los años noventa e inicios de la década pasada se han producido por la vía de procesos electorales la implantación de gobiernos que se definen de izquierda, progresistas o de un nuevo tipo de socialismo. En sus discursos y prácticas políticas los movimientos sociales y los partidos que han alcanzado el triunfo marcan una distancia con las recomendaciones del FMI y otros organismos financieros internacionales. Ello explica en parte el crecimiento y las características que tiene en el periodo de 2003 a 2008. Pero, más importante, explica la recesión menor o un bajo crecimiento en esos países en los años 2008-2009 y el vigor en la recuperación y posterior crecimiento de 2010 a 2013.

En 2013 la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) observa que el PIB en la región crecerá en 3.5 por ciento. Destaca que influye el desempeño de Argentina y Brasil, pero de manera más amplia el dinamismo que mantiene la demanda interna en un grupo importante de países, la mayoría ubicados en la región de América del Sur. Es un escenario complejo y adverso, en tanto el crecimiento en la mayor parte de las economías desarrolladas se mantiene débil y en la zona del euro existe una larga recesión. Varias de las economías de la región se benefician de los altos precios que mantienen las materias primas, pero ello no explica plenamente el nivel de crecimiento económico. Hay decisiones internas de política económica que marcan diferencias. En 2011 Argentina creció al 8.8 por ciento, Bolivia al 5.2, Colombia al 6.6, Ecuador al 7.9, Perú al 6.5. Todos países exportadores de productos primarios con precios al alza. Mientras que México, exportador de petróleo tuvo un incremento del PIB de 3.9 por ciento. Hay medidas de política económica que marcan la diferencia. La estrecha relación con la economía de Estados Unidos y la ejecución de diversas reformas estructurales que caracterizan a la economía mexicana no resultan en mayor dinamismo económico.

En los dos años recientes los hechos se han modificado. En 2014 el crecimiento de Latinoamérica fue mucho menor, del orden de 1.1 por ciento. Los precios internacionales de las materias primas decrecieron, sosteniéndose hasta la fecha en niveles bajos. A la vez se mantuvo la debilidad en la economía mundial, con una recesión mayor en varios países desarrollados. Desde hace algún tiempo China tiene menores ritmos de crecimiento y problemas crecientes en sus mercados financieros, producto de la expansión bursátil anterior. En 2015, como lo destaca la CEPAL, se observa una desaceleración importante en las denominadas economías emergentes, con China a la cabeza, la volatilidad en los mercados financieros está al alza revelando la fragilidad de bancos y el mantenimiento de altos rendimientos por parte de algunas firmas de las finanzas con base en muy diversas formas de especulación. A todo ello se suma la debilidad en la demanda interna en varios países de la región.

La debilidad en la demanda interna es un dato particularmente grave. La región puede avanzar hacia la recesión sin contar con medios propios para hacerle frente. Pero también, que la disminución de la desigualdad social puede posponerse en los países que habían alcanzado resultados positivos en la materia. A la fecha destaca el débil crecimiento en Argentina, al igual que la disminución prevista en el aumento del PIB en Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Uruguay. Se agregan la fuerte recesión en Venezuela y la recesión en Brasil. En este país el gobierno ha decidido ejecutar en 2015 un programa económico de ajuste fiscal que no permitirá recuperar el crecimiento. Las estimaciones de CEPAL para 2016 son que Brasil decrecerá en 1 por ciento. En tanto la demanda interna no se constituya en una fuerza para impulsar a estas economías no se recuperará un crecimiento firme y sostenido. Tampoco se logrará avanzar en disminuir la desigualdad social y generar condiciones de bienestar para grupos crecientes de la población. En México el futuro es de mayor ajuste fiscal, por lo que con seguridad el crecimiento será débil y se mantendrá o se incrementará la desigualdad social y la pobreza.

1 ALOP agradece al Prof. Gregorio Vidal por esta contribución al Boletín que aporta a su reflexión sobre el financiamiento para el desarrollo.

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