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Boletín # 36
  octubre 2015

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Organizaciones de la sociedad civil en América Latina, derecho a la ciudad y autocrítica ya!
Evanildo Barbosa da Silva y Joana Barros - FASE, Brasil

¿Por qué las organizaciones de la sociedad civil (OSC) de América Latina deben pensar y actuar de forma más directa en defensa del derecho a la ciudad? ¿Por qué las poblaciones de las ciudades de América Latina y los problemas y potencialidades urbanos deben convertirse en causas políticas relevantes e innovadoras del trabajo realizado por las OSC?

Animado por este tipo de preguntas, lo que sigue es un brevísimo esfuerzo de exposición para dar centralidad y ampliar el interés por los temas y asuntos que siempre desafiaron a las izquierdas sociales en términos de elaboración y de acción en una perspectiva del conflicto y la ruptura con el status quo. Este texto sólo pretende ser un ensayo exploratorio porque asumimos que las OSC sienten y experimentan lo que los diagnósticos todavía intentan definir como "motivaciones" para una nueva praxis política. Y, ciertamente existen diferentes razones y motivos para introducir estas preguntas en la agenda de las OSC en América Latina. Pero, inicialmente lo que nos mueve es que sabemos que las ciudades están experimentando una verdadera explosión en su crecimiento desde los años sesenta hasta la actualidad, sin que ello se traduzca en mejoras concretas en las condiciones de la vida social, económica y ambiental de la gran mayoría de la población.

Monitorear esa explosión de forma crítica y autónoma en relación a la media del pensamiento eurocéntrico se constituye en una marca intelectual de las más importantes del conocimiento científico producido en la región, por lo que se debe ganar a las OSC como un aliado más en esa crítica. Sabemos que las OSC traen consigo esa marca del pensamiento crítico y reflexivo sobre los principales problemas y sus alternativas. Pero en el campo del derecho a la ciudad tratar de responder a preguntas de este tipo es asumir una actitud intelectual y política esencial para la profundización de la crítica al modelo de desarrollo capitalista urbano en progreso, y además, sumarse al esfuerzo de elaboración de un pensamiento enfocado en la experiencia propia de la vida en los países latinoamericanos, sus significados y su potencial para transformar y actualizar las prácticas sociales y educativas en un insumo para la revisión de los paradigmas hegemónicos, inclusive aquellos que se refieren a la problemática urbana en un ambiente marcado por la lógica de la "ciudad a la venta".

El diagnóstico de las ciudades latinoamericanas es dramático y proyecta un futuro muy dudoso. La tasa de urbanización en países como Brasil y del Cono Sur llegará a 90% en 2020. En los países que forman la región andino-ecuatorial, incluyendo a México, se estima que la urbanización alcanzará el 85%. Lo mismo ocurrirá en el Caribe y Centroamérica, aunque con un margen porcentual más bajo que los otros. ¿Qué vemos entonces? Aglomeraciones de personas concentradas en grandes ciudades, traducidas en cifras que pueden ir hasta el 34% de la población de América Latina viviendo en ciudades con más de 1 millón de habitantes (ONU/Hábitat). Son ciudades que ya están experimentando altos niveles de pobreza, de desigualdad social y de problemas urbanos y ambientales en América Latina. La falta de vivienda es el campeón de los problemas, seguida por la falta de saneamiento, por la violencia... En fin, son ciudades precarias y con condiciones crecientemente disminuidas de reproducción igualitaria de la vida de los y las que ya están más abajo en la pirámide social. Es verdad que algunas políticas públicas adoptadas en los últimos años han apuntado hacia la reducción de la pobreza y las diferencias entre ciertos niveles de ingresos. Países como Brasil, México, Venezuela, Uruguay, Panamá, Perú, Honduras, etc. mostraron pequeños cambios en esta materia. Pero, la estructura fundamental de las desigualdades se mantiene sin cambios, pues la regulación pública del mercado de tierras y del ordenamiento del uso y la ocupación del suelo se mantiene bajo el control de las grandes empresas inmobiliarias.

¿Y qué decir del hecho de que son las mujeres, jóvenes y negras las principales víctimas del modelo de desarrollo actual en las ciudades? ¿Cómo no considerar el genocidio de los jóvenes del sexo masculino que, en países como Brasil, no sólo se enfrentan a las dificultades estructurales de la inclusión a través del mercado de trabajo, sino que también pertenecen a generaciones enteras condenadas por la discriminación étnica y racial, y/o por la encarcelación en sistemas presidiarios fallidos?. Ellas y ellos están en las ciudades y dependen cada vez más de un tipo de agenda política que aún sobrevive en las OSC, pues hace mucho el Estado les ha dado la espalda.

Podríamos seguir exponiendo los motivos y razones para una causa del "derecho a la ciudad", pero no se trata de entender apenas el presente. Es fácil darse cuenta de que las ciudades latinoamericanas han sufrido grandes cambios en las últimas décadas. Vivir en ellas es cada vez más un desafío de los más complejos en la actualidad, dado que las ciudades son lugares de oferta de servicios,de ocio y también de disputa de los significados de la Democracia (o de su imposibilidad). Pero es que ellas tienen esa magia de atracción. Y por qué será que - aunque todo nos demuestre lo contrario - las ciudades son importantes como desafío y para el logro de nuevas civilidades, para nuestras agendas políticas y para volverse y conducir motivos de ruptura y transformación en la cultura política y en el modo de vida de tantas generaciones?

Para entrar en estos temas es preciso señalar quién es responsable por estos cambios en las ciudades y preguntarse acerca sobre su alcance y riesgos. Después de todo, si la problemática urbana ganó relevancia en las últimas décadas esto no se hizo sin alguien que perdiera para que otros ganasen.

Lo que sí sabemos es que los cambios se llevan a cabo por las relaciones capitalistas históricamente dominantes desde la colonización y que, por su profundidad, ayudaron a establecer una particularidad regional muy perversa en la experiencia de vida en las ciudades y sobre el proprio esfuerzo público de una planificación urbana. Son por lo tanto, cambios que imprimieron una marca y una trayectoria urbana que hasta el momento sólo se manifiestan en su versión violenta, dado que se trata de un modelo perenne de acumulación y reproducción del capital en el espacio urbano y sobre sus atributos ambiental y urbanístico.

En esta trayectoria el capital inmobiliario viene, especialmente, tomando la iniciativa y la delantera de ese protagonismo mercantil sobre la lógica, el modelo y sobre los impactos del llamado "desarrollo urbano" que se instala conformando grandes ciudades y áreas metropolitanas a la deriva en el gran continente.

El paradigma de la "ciudad-mercado" ha conferido a las ciudades de América Latina el papel perverso de reproducción del modelo urbano-industrial basado en el consumo. Este, a su vez, es una condición para la continua expansión del mercado capitalista mundial. Esta dinámica se expande desde las ciudades y se introduce en otros territorios no urbanos ya que necesita explotar de forma intensiva los recursos naturales para la minería, la agricultura, el agua y el petróleo, lo que significa entrar e intensificar los conflictos en las zonas rurales, junto a comunidades costeras, indígenas, quilombolas, pescadores, entre otros, colocando en primer plano la expansión de la cadena productiva de la industria a expensas de la preservación y ampliación de los derechos de esas poblaciones del campo y las ciudades. Por último, la expansión del mercado capitalista global a partir de la expansión del modelo urbano-industrial ha significado la impliación de las desigualdades en el acceso a los derechos humanos básicos, junto con la ampliación de los problemas ambientales de todo tipo.

No será tan difícil de notar otra peculiaridad: importantes ciudades de América Latina que han sido y siguen siendo controladas por partidos y coaliciones políticas de perfil popular y de centro-izquierda han sido presentadas al mundo por su dinamismo urbano de corte empreendedor o participacionista. Sus dirigentes se alejan del paradigma del derecho a la ciudad (o la ciudad como un derecho) y, en esencia, comandan expresiones desordenadas y al servicio del mercado de programas, proyectos y políticas públicas dotados con "recetas" e innovaciones de gestión urbana y urbanísticas sobre un tipo patrocinado de polis que sólo es accesible para aquellos interesados en "comprar" y disfrutar de forma privada de partes de la ciudad que ofrece el marketing y como símbología de la inclusión y la segregación. Es que a pesar de toda la buena publicidad de los mercaderes urbanos, es en estas grandes ciudades donde se concentran innumerables problemas urbanos que manifiestan muy objetivamente el tamaño de las desigualdades sociales, ambientales, económicas y políticas que se abaten sobre el pueblo pobre y sencillo que habita en sus periferias.

Si por un lado estas "recetas" del mercado privatizador urbano apuestan al carácter y la expansión de la competitividad económica de las ciudades, ya negados por sus problemas sociales y ambientales, por otro lado, las políticas que surgen de este proceso de mercantilización de la vida en la urbe aún no demostraron el éxito que tendrán en términos de inclusión social, ciudadanía, gestión democrática y, sobre todo, seguridad y la distribución equitativa de los bienes públicos para todos y todas.

De Ciudad de México a Sao Paulo, desde Buenos Aires a Bogotá el balance de las transformaciones urbanas contemporáneas del capitalismo en el continente coloca a las ciudades y sus ciudadanos bajo los efectos de la reestructuración asociada con la desindustrialización, por un lado, y en la diversificación de las actividades terciarias por otro lado. Estos efectos, aunque no son los únicos, generan nuevos efectos, especialmente sobre el trabajador urbano, ya que se constata una ampliación creciente de la flexibilización de las relaciones laborales en las ciudades, imponiendo riesgos para la reproducción de ese trabajador que se ve obligado a buscar alternativas para su sobrevivencia en un entorno marcado por el empobrecimiento de la gran mayoría, por la periferización dada la desestructuración de la vivienda en las áreas centrales, mientras que el capital se encarga de expulsar a las personas hacia zonas cada vez más remotas, para que las áreas centrales sirvan a las opciones privadas de construcción de equipamientos de gran impacto sobre la estructura urbana, generalmente destinados al comercio de lujo, al ocio y al perfil de viviendas de lujo y segregadora de las relaciones sociales. Todo esto asociado a la creciente violencia urbana que coloca a la sociedad en conflicto.

Es en las ciudades donde se produce el choque entre los que persiguen el valor de uso y de la función social de la propiedad y aquellos que sustentan la primacía del valor de cambio sobre toda forma de vida. Y con ello ya tenemos lo suficiente para diseñar quién, de hecho, ha sido la Legión de vencedores, dado que los sectores más activos del capital inmobiliario están exclusivamente movilizados para el lucro exponencial y para el uso intensivo y depredador del suelo urbano.

Con eso se van produciendo modelos de desarrollo urbano, que a su vez reproducen y sustentan los modelos de desarrollo económico en cada país del continente. En el caso de Brasil, bajo el gobierno de Lula y ahora en el gobierno Dilma la orientación general de la economía brasileña no ha dejado de producir desigualdades y violaciones, especialmente derivados de proyectos de desarrollo económico cuyos impactos se sienten sobre redes enteras de ciudades. La percepción que tenemos del modelo brasileño de desarrollo urbano nos lleva a concluir que el espacio urbano no es solamente reflejo de una forma particular de desarrollo económico: él es uno de sus motores y es un inductor directo de un determinado modelo de desarrollo económico. La forma de desarrollo urbano actual que vimos materializarse en nuestras ciudades es funcional a la implementación y profundización del modelo de desarrollo económico en curso de Norte a Sur del continente.

En este escenario, la cuestión urbana que provocó las manifestaciones de junio de 2013 en Brasil es el punto ciego del debate sobre los fundamentos del modelo de desarrollo brasileño. La problemática de nuestras ciudades insostenibles e inhumanas, con la excepción de la denuncia del "rodoviarismo" ha sido tratado apenas como un resultado nefasto del desarrollo. Lo que se ve es la exaltación de las obras de movilidad urbana, hechas y por hacer, y un "silencio ensordecedor" sobre los ganadores y perdedores de este modelo. Respecto a estos últimos, a ejemplo de lo que ocurre a las poblaciones afectadas en los territorios por los grandes emprendimientos, lo que está en juego es la propia cuestión democrática. El debate hipócrita sobre la "vieja" y la "nueva política" no enfrenta cuestiones tales como el desprecio por la participación popular efectiva en las situaciones de conflicto, la desvalorización de los mecanismos de consulta previstos en la legislación y convenios internacionales (Convenio 169 de la OIT), y la reproducción por los diferentes bloques político de las prácticas que condenan sus adversarios.

Las manifestaciones y protestas populares ocurridas desde junio de 2013 publicitaron y politizaron el debate sobre la crisis experimentada en las ciudades brasileñas, siendo un fuerte catalizador de las insatisfacciones con la política y la economía de Brasil, reuniendo una amplia, diversa y, a veces, contradictoria gama de aspectos. Las movilizaciones y protestas sociales en curso tuvieron como disparador dos elementos estructurantes de las ciudades y del modelo brasileño de desarrollo: la movilidad urbana y la violencia, demostrando a través de manifestaciones de protesta explosiva, el carácter profundamente desigual de acceso y garantía al derecho a la ciudad. La agenda fuertemente urbana de estas manifestaciones tiene relación directa con la pésima calidad y la falta de servicios y políticas públicas urbanas, y demostraron el carácter privatizador y segregador de las ciudades brasileñas.

La (in)movilidad urbana y su impacto en las vidas de las poblaciones más pobres (que pasan en promedio diariamente cuatro horas en traslados para ir al trabajo en las grandes ciudades) demostraron claramente los vínculos entre la política de desarrollo económico (con todo tipo de incentivos a la industria de automóviles y del petróleo en detrimento de políticas públicas colectivas de transporte público y movilidad) y la estructuración y la gestión de las ciudades. De todas formas, las manifestaciones y protestas populares ocurridas en Brasil publicitaron y politizaron el debate sobre la crisis experimentada en las ciudades brasileñas, mostrándose como un fuerte catalizador de las insatisfacciones con la política y la economía brasileñas.

Un último motivo para pensar: las experiencias de gestiones administrativas promovidas desde los partidos políticos de izquierda y de centro-izquierda dieron muy pocos resultados en términos de enfrentar ese modelo urbano. Ellas realizaron muchas acciones importantes en el campo de los derechos, pero esto no se ha traducido en ruptura con el modelo. Y exactamente en contra de este modelo de desarrollo subordinado al modelo hegemónico y contra este perfil de "gerencialistas del desarrollo" es que emergen las grandes manifestaciones urbanas, los grandes movimientos de resistencia y de crítica radical a los caminos del desarrollo, muchos de ellos fuera de los domínios y del padrón Partido-Movimiento Sindical. ¿Y ahí? ¿No sería el momento para que las OSC ampliaran sus capacidades de comprensión de estos "nuevos" que emergen exigiendo de los "viejos" una autocrítica? ¿Y si exigieren lo mismo de las OSC qué se les dirá? Cuanto más se demore más se dice de qué lado se encuentran las OSC...?

www.fase.org.br

Versão original em Português

Organizações da sociedade civil na América Latina, direito à cidade e autocrítica já!
Evanildo Barbosa da Silva y Joana Barros - FASE, Brasil

Por que as organizações da sociedade civil (OSC) da América Latina deveriam refletir e atuar mais diretamente na defesa do direito à cidade? Por que as populações das cidades da América Latina e os problemas e potencialidades urbanos deveriam se transformar em causas políticas relevantes e inovadoras do trabalho realizado pelas OSC?

Encorajado por esse tipo de questão acima, o que segue é um brevíssimo esforço de exposição de motivos para dar-se centralidade e ampliar interesses nos temas e nas questões que sempre e hoje desafiaram as esquerdas sociais em termos de elaboração e de ação numa perspectiva do conflito e da ruptura com o status quo. Também não se pretende senão um esforço exploratório dado que supomos que as OSC sentem e vivenciam o que os diagnósticos adiante tentam definir como “motivações” para uma nova práxis política. E, certamente que existem diferentes razões e motivos para inserir essas perguntas na agenda das OSC na América Latina. Mas, inicialmente o que nos move é o fato de sabemos que as cidades estão passando por uma verdadeira explosão no seu crescimento desde os anos sessenta até os dias atuais, sem que isto se traduza em melhorias concretas das condições de vida social, econômica e ambiental da grande maioria da população.

Observar essa explosão de forma crítica e autônoma em relação a média do pensamento eurocêntrico se constitui numa marca intelectual das mais importantes do conhecimento científico produzido por aqui, o que se deve ganhar das OSC um aliado a mais nessa crítica. Sabemos que as OSC trazem consigo essa marca do pensamento crítico e reflexivo sobre os grandes problemas e suas alternativas. Mas, no campo do direito à cidade procurar responder a questões desse tipo é assumir uma atitude intelectual e política essencial para o aprofundamento da crítica ao modelo de desenvolvimento capitalista urbano em curso, mas, igualmente somar-se ao esforço de elaboração de um pensamento focado na experiência própria da vida nos países latino-americanos, seus significados e sua potência de transformar e atualizar práticas sociais e educativas em um insumo para revisão dos paradigmas hegemônicos, inclusive àqueles que se referem à problemática urbana nesse ambiente marcado pela lógica da “cidade à venda”.

O diagnóstico das cidades da América Latina é dramático e projeta um futuro muito duvidoso. A taxa de urbanização de países como o Brasil e do Cone Sul chegará a 90% até 2020. Nos países que formam a região andino-equatorial, incluindo o México, estima-se que a urbanização irá atingir 85%. O mesmo ocorrerá no Caribe e na América Central, ainda que com uma margem percentual mais abaixo do que as demais. O que vemos então? Aglomerados de pessoas concentradas em grande cidades, traduzidos em cifras que podem variar em até 34 % da população da América Latina vivendo em cidades com mais de 1 milhão de habitantes (ONU/Habitat). São cidades que já vivenciam altos índices de pobreza, de desigualdade social e de problemas urbanístico-ambientais na América Latina. A falta de moradia é o campeão dos problemas, seguida da falta de esgotamento sanitário, da violência... Enfim, são cidades precárias e com condições crescentemente diminutas de reprodução igualitária da vida daqueles e daquelas já mais desiguais na pirâmide social. É verdade que algumas políticas públicas adotadas nos últimos anos tem apontado para a redução na pobreza e nas diferenças entre certos níveis de renda. Países como Brasil, México, Venezuela, Uruguai, Panamá, Peru, Honduras, etc apresentaram pequenas alterações aí. Mas, a estrutura fundamental das desigualdades permanece inalterada, pois, a regulação pública do mercado de terras e do ordenamento do uso e da ocupação do solo permanece sob domínio das grandes corporações imobiliárias.

E o que dizer do fato que são as mulheres, jovens e negras as maiores vítimas do modelo de desenvolvimento em curso nas cidades? Como não considerar o genocídio de jovens do sexo masculino que, em países como o Brasil, não só estão confrontados pelas dificuldades estruturais de absorção via mercado de trabalho, como também aparentemente condenadas gerações inteiras discriminadas étnico e racialmente, e ou encarceradas em sistemas presidiários falidos. Eles e elas estão nas cidades e dependem cada vez mais de um tipo de agenda política que ainda sobrevive nas OSC, pois, há muito o Estado lhes deu as costas.

Poderíamos continuar a expor motivos e razões para uma causa do “direito à cidade”, mas, não se trata de entender apenas o presente. É fácil identificar que as cidades latino-americanas têm sofrido grandes mudanças nas últimas décadas. Viver nelas é cada vez um desafio dos mais complexos na atualidade, dado que são as cidades lugares de ofertas de serviços, de lazer e também de disputa dos significados da Democracia (ou de sua inviabilidade). Mas, é que elas tem essa magia da atração. E por que será que – ainda que tudo nos demonstre ao contrário – as cidades sejam importantes como desafio e para a realização de novas civilidades, para nossas agendas políticas e para se tornarem e conduzirem motivos de ruptura e de transformação na cultura política e no modo de vida de tantas gerações?

Para adentramos nessas questões é preciso apontar quem é responsável por essas mudanças sobre as cidades e se perguntar sobre sua extensão e riscos. Afinal, se a problemática urbana ganhou relevância nas últimas décadas isto não se fez sem que alguém perdesse para que outro ganhasse.

O que sabemos é que são mudanças empreendidas por relações capitalistas historicamente dominantes desde a colonização e que, por sua profundidade, ajudaram a instituir uma particularidade regional muito perversa para a experiência de vida nas cidades e sobre o próprio esforço público de algum planejamento urbano. Portanto, mudanças que imprimiram uma marca e uma trajetória urbana que até aqui só se manifesta em sua versão violenta, dado que se trata de um perene padrão de acumulação e reprodução do capital sobre o espaço urbano e sobre seus atributos ambiental e urbanístico.

Nessa trajetória o capital imobiliário vem, particularmente, assumindo a liderança e a dianteira desse protagonismo mercantil sobre a lógica, o modelo e sobre os impactos do chamado “desenvolvimento urbano” que se instala conformando grandes cidades e regiões metropolitanas à deriva no grande continente.

O paradigma da “cidade-mercado” tem conferido às cidades da América latina o perverso papel de reprodução do modelo urbano-industrial baseado no consumo. Este, por sua vez, é condição para continuidade da expansão do mercado global capitalista. Essa dinâmica se expande desde as cidades e adentra em outros territórios não urbanos já que necessita explorar de forma intensa os recursos naturais para as indústrias da mineração, agricultura, água e petróleo, o que significa adentrar e acirrar as disputas em áreas rurais, junto a populações ribeirinhas, indígenas, quilombolas, pescadores, dentre outros, colocando em primeiro plano a expansão da cadeia produtiva da indústria em detrimento da preservação e ampliação dos direitos dessas populações do campo e das cidades. Enfim, a ampliação do mercado global capitalista a partir da expansão do modelo urbano-industrial tem significado a ampliação das desigualdades no acesso a direitos humanos básicos, somado a ampliação dos problemas ambientais de toda sorte.

Não será tão difícil notar outra particularidade: importantes cidades latino-americanas que foram e ou permanecem comandadas por partidos e coalizões políticas de perfil popular e de centro-esquerda tem sido apresentadas ao mundo pelo seu dinamismo urbano de corte empreendedorista ou participacionista. Seus comandantes se afastam do paradigma do direito à cidade (ou da cidade como um direito) e, em essência, comandam expressões desordenadas e à serviço do mercado de programas, projetos e políticas públicas dotadas de "receitas" e inovações gerenciais urbanas e urbanísticas sobre um tipo patrocinado de polis que não é pra ser acessível senão a quem estiver interessado em “comprar” e usufruir de forma privada do que partes da cidade oferece como marketing e como simbologia de inclusão e segregação. Em que pese toda a boa propaganda dos mercadores urbanos de plantão é nessas grandes cidades que igualmente se concentram inúmeros problemas urbanos e que se manifesta muito objetivamente o tamanho das desigualdades sociais, ambientais, econômicas e políticas que se abatem sobre o povo pobre e simples que habita suas periferias.

Se de um lado essas “receitas” do mercado privatista urbano apostam no caráter e na expansão da competitividade econômica de cidades já inviabilizadas pelos seus problemas sociais e ambientais, por outro lado, as políticas que se originam desse processo de mercantilizarão da vida na urbe ainda não demonstraram o quão bem sucedidas elas são em termos de inclusão social, cidadania, gestão democrática e, especialmente, segurança e partilha igual de bens públicos para todos e todas.

Da Cidade do México a São Paulo, de Buenos Aires a Bogotá o saldo das transformações urbanas contemporâneas do capitalismo no continente coloca as cidades e seus cidadãos diante dos efeitos da reestruturação produtiva associada à desindustrialização, de um lado, e diante da diversificação das atividades terciárias, de outro lado. Esses efeitos, muito embora não sejam os únicos, geram novos efeitos especialmente sobre o trabalhador urbano, dado que se constata uma ampliação crescente da flexibilização das relações de trabalho nas cidades, impondo riscos à reprodução desse trabalhador que se vê obrigado a buscar alternativas à sua sobrevivência num ambiente marcado pelo empobrecimento da grande maioria, pela periferização dada a desestruturação da moradia em áreas centrais, enquanto o capital se encarrega de expulsar as pessoas para áreas cada vez mais remotas, para que áreas centrais sirvam às opções de edificação privada de equipamentos de grande impacto sobre a estruturação urbana, em geral destinados ao comercio de luxo, ao lazer e ao perfil de moradia de alto luxo e segregadora das relações sociais. Isso tudo associado à crescente violência urbana coloca a sociedade em conflito.

É nas cidades que se dá o embate entre aqueles que perseguem o valor de uso e da função social da propriedade e aqueles que sustentam a primazia do valor de troca sobre toda forma de vida. E aí já temos o suficiente para desenhar quem de fato tem sido a Legião de vencedores, dado que os segmentos mais ativos do capital imobiliário estão tão somente mobilizados para o lucro exponencial e para o uso intensivo e predatório da terra urbana.

Com isso se vai produzindo modelos de desenvolvimento urbano que por sua vez reproduzem e sustentam modelos de desenvolvimento econômico em cada país do continente. No caso do Brasil, sob o governo Lula e agora no governo Dilma a orientação geral da economia brasileira ainda não cessou de produzir desigualdades e violações, especialmente decorrentes dos projetos de desenvolvimento econômico cujos impactos são também sobre redes inteiras de cidades. A percepção que temos do modelo de desenvolvimento urbano brasileiro nos leva a concluir que o espaço urbano não é somente espelho de uma determinada forma de desenvolvimento econômico, ele é um de seus motores e é indutor direto de um determinado modelo de desenvolvimento econômico. A forma do desenvolvimento urbano atual que vimos se materializar nas nossas cidades é funcional à implantação e aprofundamento do modelo de desenvolvimento econômico em curso de Norte a Sul dos países do continente.

Neste cenário, a questão urbana que deflagrou as manifestações de junho de 2013 no Brasil é ponto cego do debate sobre as bases do modelo de desenvolvimento brasileiro. A problemática das nossas cidades insustentáveis e desumanas, com exceção da denúncia do “rodoviarismo”, tem sido tratada apenas como um resultado nefasto do desenvolvimento. O que se vê é a exaltação das obras de mobilidade urbana, feitas e por fazer, e um “silêncio ensurdecedor” sobre os ganhadores e perdedores deste modelo. Em relação a estes últimos, a exemplo do que ocorre às populações atingidas nos territórios pelos grandes empreendimentos, o que está em jogo é a própria questão democrática. O debate hipócrita sobre a “velha” e a “nova política” não enfrenta questões tais como o desprezo pela participação popular efetiva nas situações de conflito, a desvalorização dos mecanismos de consulta previstos na legislação e convenções internacionais (Convenção 169, da OIT), e a reprodução pelas diferentes coligações políticas das práticas que condenam nos seus adversários.

As manifestações e protestos populares ocorridos desde junho de 2013 publicizaram e politizaram o debate sobre a crise experimentada nas cidades brasileiras, mostrando-se um forte catalisador das insatisfações com a política e a economia brasileiras, reunindo uma ampla, diversa e, por vezes, contraditória gama de aspectos. As mobilizações e contestações sociais em curso tiveram como estopim dois elementos estruturantes das cidades e do modelo de desenvolvimento brasileiros: a mobilidade urbana e a violência, demonstrando através de manifestações de contestação explosiva, o caráter profundamente desigual de acesso e garantia ao direito à cidade. A pauta fortemente urbana destas manifestações tem relação direta com péssima qualidade e carência de serviços e políticas públicas urbanas, e demonstram o caráter privatista e segregador das cidades brasileiras.

A (i)mobilidade urbana e sua incidência sobre a vida das populações mais pobres (que gastam em médias nas grandes cidades 4 horas diariamente de deslocamento para o trabalho) demonstram claramente os nexos entre a política de desenvolvimento econômico (com toda a sorte de incentivos a indústria de automóveis e de petróleo em detrimento de política públicas coletivas de transporte e mobilidade) e a estruturação e gestão das cidades. Enfim, as manifestações e protestos populares ocorridos no Brasil publicizaram e politizaram o debate sobre a crise experimentada nas cidades brasileiras, mostrando-se um forte catalisador das insatisfações com a política e a economia brasileiras.

Um último motivo para pensar: as experiências de gestões administrativas situadas desde os Partidos Políticos de esquerda e ou centro esquerda resultaram em muito pouco em termos de enfrentar esse modelo acima de cidades. Elas fizeram muitas ações importantes no campo dos direitos, mas, isso não se traduziu em ruptura com o modelo. E exatamente contra esse padrão de desenvolvimento subordinado ao modelo hegemônico e contra esse perfil de “gerencialistas do desenvolvimento” é que emergem as grandes manifestações urbanas, os grandes movimentos de resistência e de critica radical aos caminhos do desenvolvimento, muitas delas fora dos domínios e do padrão Partido-Movimento Sindical. E ai? Não seria a vez das OSC ampliarem suas capacidades de compreensão “desses novos” que emergem exigindo dos “velhos” uma autocrítica? E se exigirem o mesmo das OSC o que vai ser dito? Quanto mais se demora mais se diz de qual lado as OSC se encontram...

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