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Boletín # 36
  octubre 2015

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Las OSC en la ruta de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible
Laura Becerra Pozos – Directora Regional CAMEXCA de ALOP

En la Cumbre Mundial del pasado 25 de septiembre, los 193 países que conforman la ONU adoptaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, un plan de acción a favor de las personas, el planeta y la prosperidad, que también considera fortalecer la paz y el acceso a la justicia.

La Agenda 2030, incluye 17 ODS (Objetivos de Desarrollo Sustentable) y 169 metas de carácter integrado e indivisible que abarcan las esferas económica, social y ambiental, que los gobiernos se han comprometido a cumplir en los siguientes 15 años. Si bien no tiene un carácter vinculante, se reiteró que implica un compromiso común y universal y que los Estados se comprometen a movilizar los medios necesarios para su implementación, mediante alianzas centradas en las necesidades de los más pobres y vulnerables.

Considerado ese nivel de responsabilidad, al afirmarse que “los Estados tienen soberanía plena sobre su riqueza” se flexibiliza el cumplimiento en razón de los recursos domésticos para su implementación, por lo que resulta fundamental que cada gobierno establezca compromisos, diseñe estrategias, promueva políticas públicas, defina instituciones responsables, comprometa recursos, formalice mecanismos de seguimiento y convenga los indicadores nacionales con los que evaluar sus progresos.

Desde el punto de vista de muchos gobernantes, la Agenda 2030 es un documento de gran trascendencia, fruto de un diálogo incluyente, constructivo y transparente, que renueva la vigencia del multilateralismo, como una gran fuerza transformadora de nuestra civilización.

Además de poner fin a la pobreza, los ODS incluyen, erradicar el hambre y lograr la seguridad alimentaria; garantizar una vida sana y una educación de calidad; lograr la igualdad de género; asegurar el acceso al agua y la energía; promover el crecimiento económico sostenido; adoptar medidas urgentes contra el cambio climático; promover la paz y facilitar el acceso a la justicia. 1

En el marco de la Campaña Mundial Beyond 2015 (“Más allá del 2015”) que impulsaron más de mil organizaciones sociales de 135 países en el mundo para dar seguimiento al proceso de negociación intergubernamental en la Organización de las Naciones Unidas, para definir la nueva Agenda, participamos diversas plataformas de organizaciones de la sociedad civil (OSC). En cada país y durante los últimos tres años nos mantuvimos como vigilantes e interlocutoras con nuestros gobiernos, no solo para ser informadas, sino para ser consultadas y posicionarnos ante cada tema que se fue debatiendo en esos nueve meses. Particularmente un núcleo de OSC colocamos temas marco que debían ser considerados y desde la Campaña se construyó una comprensión común, fundada en una visión de derechos humanos, equidad y perspectiva de género. Además de sostener que el debate sobre el desarrollo sustentable no se agota con la aprobación de la Agenda.

Pero, al menos en la región de América Latina, el llamado modelo extractivista o neoextractivista, explotador de los recursos naturales, no cumple con los paradigmas de un desarrollo sustentable o del buen vivir que se vienen construyendo desde los pueblos y movimientos sociales. Por eso el cumplimiento de la Agenda 2030 en cada nación debiera implicar replanteamientos y cambios estructurales para la financiación del desarrollo, sobre el modelo económico adoptado, de cara a una nueva política económica, financiera, fiscal, que no solo incremente la riqueza, sino que la distribuya.

Los ODS tienen que contar con un presupuesto y alinearse a los planes de desarrollo nacionales y subnacionales. Por eso la adopción de la Agenda 2030 se vinculó con el debate de la financiación del desarrollo en la Cumbre de Addis Abeba (FpD3) ocurrida en julio de este año, la que si bien tiene una estrecha relación no se puede volver condicionante o determinante en el cumplimiento de los Objetivos de la Agenda.

Pero la naturaleza del financiamiento para el desarrollo está bajo escrutinio, debido a los cambios que han ocurrido en el panorama de la cooperación internacional, desde que los ODM fueron acordados hace casi 15 años. Un ejemplo es que la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) tradicional está bajo presión, y su importancia relativa frente a otras fuentes de financiación ha disminuido.

Por eso importa insistir en que la AOD para nuestros países de América Latina y El Caribe, sigue siendo fundamental, a pesar de que la mayor parte de ellos –por diversas razones-, tienen el estatus de países de renta media–alta, o de ingresos medios2, cuando prácticamente en todos ellos la desigualdad o las brechas sociales, se mantienen e incluso aumentan. No parece haber motivos sólidos para la eliminación de la cooperación Norte-Sur, más allá de que la cooperación Sur-Sur y Triangular siga su curso.

Una visión como esa requiere de un acuerdo muy ambicioso, que pueda ofrecer las amplias opciones de financiación disponibles a países de ingresos bajos y medios. Mientras hoy los debates apuntan a “El mundo que queremos”, también se debe llegar a un acuerdo sobre cómo ejecutar ese mundo que queremos. En tal sentido destacamos el ODS 17 que propone: Fortalecer los medios de ejecución y revitalizar la alianza mundial para el desarrollo sostenible, que debe incluir a la sociedad civil.

Las voces de sociedad civil de cara a la mencionada Conferencia Internacional sobre Financiación al Desarrollo llamamos la atención a los países del Norte, pidiendo que muestren sus planes o medidas concretas para cumplir con sus compromisos de asistencia oficial para el desarrollo y financiación del cambio climático, además de recurrir al uso de medios innovadores de financiación, como el impuesto sobre transacciones financieras. En este sentido, en general se recomienda evaluar el impacto de las instituciones globales.

Desde la perspectiva de Bárbara Adams de Social Watch entre los muchos retos o desafíos para el cumplimiento de la Agenda 2030, está el combatir eficaz y visiblemente los desequilibrios de poder. Considera además que la Agenda y los ODS son esencialmente una prueba para la ONU que queremos. “La ONU debe practicar la imparcialidad y los valores sobre los que se constituyó y en los cuales se basa su legitimidad y credibilidad. Tiene que convertirse en un espacio robusto de implementación y de rendición de cuentas para todos los países, todas las políticas y todos los actores que quieren participar.”3

Por su parte Alicia Barcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL piensa que la dimensión regional es central. El papel de las Comisiones Regionales de las Naciones Unidas, entre ellas CEPAL, la Comisión Económica y Social para Asia y el Pacífico (CESAP), la Comisión para Europa (CEPE), la Comisión para África (CEPA) y la Comisión Económica y Social para Asia y Occidente (CESPAO), constituyen un puente entre los niveles global y nacional. En particular destacó que la región de América Latina y El Caribe, cuenta con una arquitectura institucional –la CEPAL- cuya visión holística y multidisciplinaria le permitirá dar respuestas integradas a los desafíos que plantean los 17 ODS y contribuir a la creación de una arquitectura regional de seguimiento y monitoreo.4

La Agenda no puede pensarse al margen de los prepuestos públicos en todos los niveles de gobierno, ya que son el principal instrumento del desarrollo. Es vital que los sistemas tributarios sean progresivos y capaces de financiar el desarrollo y atender derechos fundamentales de las personas, buscando reducir las desigualdades sociales. En este contexto, las riquezas generadas por la extracción de recursos naturales tienen que entrar en este marco, con el objetivo de contribuir al bienestar de todas y todos.

Los Estados Miembros deben comprometerse, a nivel nacional, a implementar presupuestos nacionales transparentes, con líneas presupuestarias claras para las prioridades del desarrollo sostenible; desagregados por género y por otros indicadores sociales. Que los compromisos se asienten en las políticas públicas, los presupuestos y los planes de desarrollo locales.

La participación ciudadana en el monitoreo y mecanismos de rendición de cuentas tiene que ser un aspecto central para la implementación efectiva de la Agenda 2030, ya que la regulación y el monitoreo ciudadano de las políticas y servicios públicos pueden contribuir a un marco de implementación que sea accesible e inclusivo, que facilite la rendición de cuentas. La inversión en el monitoreo ciudadano asegura que las lecciones aprendidas en contextos locales puedan influir en el diseño e implementación de las políticas públicas.

A la vez es muy importante seguir demandando el ambiente habilitante –en sus distintas dimensiones y áreas- que favorezca la actuación de las OSC como actoras del desarrollo por derecho propio; es una condición sin la cual no se puede completar el círculo de las alianzas para el desarrollo sustentable. El entorno propicio implica al menos, la libertad de asociación y expresión; espacios formales-efectivos para la incidencia política, y opciones viables de sostenibilidad. Abarca las dimensiones jurídica, política, económica, cultural y de la cooperación.

En el “futuro que queremos” las alianzas con las OSC son fundamentales, son socias clave, en las definiciones ideológicas y en las decisiones de políticas para la implementación de la Agenda 2030. Por tanto, se aspira a que la nueva Agenda del Desarrollo Sostenible promueva las alianzas entre las Naciones Unidas, los Gobiernos y la Sociedad Civil en todos los niveles.

1 Comunicado de Prensa de CEPAL, Nueva York, 25 de septiembre, 2015. La Asamblea General de la ONU adopta la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

2 Sólo cinco países de los 33 que conforman la Región ALC no están en la categoría de ingresos medios.

3 Verdad y reconciliación en el desarrollo sostenible; intervención de Bárbara Adams, en nombre de Global Policy Forum y Social Watch, en la mesa redonda en las Naciones Unidas, 19 de septiembre de 2015, durante el cuarto Foro de Alto Nivel de la ONU sobre cultura de paz.

4 CEPAL, Comunicado de Prensa, 10 de julio de 2015.

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