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Boletín # 35
  junio 2014

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Sobre Extractivismos y Transiciones
Carlos Monge - Coordinador Regional América Latina, Revenue Watch Institute

Luego de una década de iniciado el súper ciclo de las extractivas, no tenemos claridad sobre si el súper ciclo regresará o si la demanda y precios se estabilizarán en su nivel actual –que sigue siendo bastante más alto que aquel de los 90–.

Pero lo que si tenemos es evidencia suficiente sobre lo que este súper ciclo de precios y demanda por nuestros recursos naturales nos ha dejado, y sobre la necesidad de buscar caminos alternativos al de los extractivismos, en su variante neo liberal y nacionalista redistributiva (o neo extractivista).

A lo largo de esta década, de acuerdo a la CEPAL1, han crecido de manera significativa las inversiones relacionadas con la extracción, procesamiento y exportación de recursos naturales, incluyendo la minería, los hidrocarburos, la generación de energía, la agroindustria y la pesca.

Gracias a estas inversiones hemos tenido crecimiento económico y con crecimiento económico hemos tenido disminución de la pobreza y también de la desigualdad. Esta disminución de la pobreza y de la desigualdad resultan a su vez de mecanismos propios de mercado (generación de empleos e ingresos) y de un aumento significativo del gasto social. De hecho, nos dice también la CEPAL, nunca antes la pobreza ha bajado tanto y nunca antes se había reducido la desigualdad en la región de América Latina y el Caribe, por cierto la región más desigual del planeta.2

Sucede que, a diferencia de periodos históricos anteriores en que los términos relativos de intercambio con las economías desarrolladas/consumidoras eran negativos (vendíamos materia prima barata para comprar bienes procesados caros), en la actualidad nos pagan relativamente bien por nuestros productos y compramos manufacturas baratas, sobre todo del Asia.

También resulta interesante que esta reducción de la pobreza y de la desigualdad se ha dado con más o menos igual intensidad en países de orientación más bien neoliberal como Perú y Colombia, países de orientación intermedia como Argentina y Chile, y países claramente nacionalista redistributivos como Venezuela, Bolivia y Ecuador. Es decir, la pobreza y la desigualdad caen indiferentemente de la naturaleza de los regímenes políticos y las maneras (mercado, Estado) de conseguir más dinamización económica y más renta pública para el gasto social.

Ahora bien, este crecimiento económico con reducción de la pobreza y de la desigualdad viene cargado de problemas. De un lado, nuestras economías se han “reprimarizado”, con un creciente peso de la minería y los hidrocarburos en los PBI nacionales y sobre todo en nuestras canastas exportadoras. Esta reprimarización tiene como consecuencia una extrema exposición a la volatilidad propia de la demanda y los precios de nuestros recursos naturales, como ya se experimentó en la breve crisis del 2008-2009 y se viene experimentando desde hace un par de años con el descenso relativo de la demanda y los precios.

De otro lado, el éxito exportador de commodities nos está exponiendo a la “enfermedad holandesa” con diversos grados de intensidad.3 En todos los países se han vivido apreciaciones del tipo de cambio y se han presentado evidencias de desindustrialización de las economías. Y esto es un problema serio pues la productividad se concentra en los sectores extractivos y de servicios especializados, mientras que en el resto de la economía predominan economías de baja productividad y en muchos casos con estrategias familiares y empresariales que son apenas de sobrevivencia.

A esto hay que añadir variantes locales de la “enfermedad holandesa”, que para el caso peruano hemos llamado la “enfermedad chola”. ¿En qué consiste? En que la inversión directa en las actividades extractivas tanto como el gasto de la renta extractiva por los gobiernos locales puede generar situaciones de encarecimiento de los bienes y servicios urbanos y de la mano de obra en general que hacen inviable a otras actividades económicas más inclusivas y mas sostenibles, como la agricultura.

Más allá de los problemas estrictamente económicos que la apuesta por el extractivismo en cualquiera de sus variantes trae consigo, hay también dimensiones sociales, ambientales y culturales a las que hay que prestar atención.

Por ejemplo, la intensificación de las actividades extractivas y su expansión mas allá de sus fronteras tradicionales está generando una intensa conflictividad social en toda América Latina y el Caribe. De hecho, en varios países los llamados conflictos socio ambientales han pasado a ser sino los más numerosos, sí los más significativos.4

Y junto con la protesta social ha venido la criminalización de la misma desde los Estados que promueven nuestras distintas variantes del extractivismo, con un correlato que incluye la ilegalización de las protestas y de las organizaciones que las promueven, el enjuiciamiento a los dirigentes y en casos extremos su eliminación física, la persecución a las asociaciones de sociedad civil que los apoyan y a quienes colaboran con ellos desde fuera, etc.

Por el lado del medio ambiente, la intensificación y expansión de las actividades extractivas supone, entre otras cosas, incrementar su demanda por agua y por energía.5

En el caso del agua, si bien los promedios nacionales indican que la minería no es una gran consumidora de agua, la cosa cambia cuando uno observa la aguda competencia por el agua en las zonas mineras, en donde las empresas compiten con los agricultores y el consumo urbano, por no mencionar los abundantes casos de destrucción de fuentes de agua (glaciares, paramos alto andinos, cabeceras de cuenca) y de contaminación de cursos de agua (mal manejo de relaves, filtraciones a napa freática). Y en la Amazonía son crecientes los casos de contaminación del agua por acción de las empresas petroleras.

En el caso de la energía, sabemos que está creciendo el peso de la minería como consumidora de energía, aunque la calidad de la energía que se usa varía de acuerdo a la matriz energética de cada país en país. Pero en muchos casos, las energías fósiles y sucias como el petróleo y el carbón aun dominan la matriz energética de la minería como tal y tiene peso importante en la generación de electricidad.

Y tenemos también la presión de la expansión de las actividades extractivas hacia las áreas naturales protegidas, que lo son porque albergan una altísima bio diversidad, porque son áreas de reproducción de las especies que habitan territorios más amplios, y porque albergan especies endémicas únicas en el planeta. Pues bien, en tiempos relativamente recientes, el Presidente Correa en Ecuador abandonó la iniciativa Yasuní culpando a los países desarrollados de no haber aportado y anunciando que se iniciará la extracción de petróleo en esos territorios. De manera coincidente, el Vicepresidente García Linera anuncio que buscarán gas y petróleo en Madidi y otras áreas protegidas, insinuando que intereses extranjeros habían promovido la creación de esas áreas protegidas para impedir que los bolivianos exploten sus recursos naturales.7

De manera más amplia, carecemos de una estadística sistemática sobre los impactos de las actividades extractivas en el medio ambiente, no tenemos la capacidad de restar el impacto negativo de largo plazo de estas actividades sobre los recursos naturales de los impactos positivos inmediatos que tienen en términos de crecimiento, empleos, pobreza y desigualdad.

La expansión de las actividades extractivas amenaza también los territorios habitados por las poblaciones indígenas, algunas de ellas en contacto inicial o en aislamiento voluntario. En algunos casos estos territorios indígenas coinciden con las áreas naturales protegidas, pero en muchos casos se trata de territorios bastante más amplios que resultan necesarios para la reproducción de esos pueblos indígenas como tales. En el caso peruano, las huelgas amazónicas que culminaron en el llamado Baguazo del 2009, y los actuales conflictos entre los indígenas Achuar, Quechua y Urarina de las cuencas de Corrientes, Pastaza y Tigre y Alto Marañón con la empresa Plusptetrol y de los Awjun Wampis del Río Marañón con la empresa Maurel et Prom, ilustran esta permanente tensión entre poblaciones indígenas y las empresas que quieren ingresar a sus territorios a extraer recursos naturales, en este caso petróleo y gas.

Enfrentamos pues una situación compleja: en un escenario de demanda y precios favorables, la apuesta por las extractivas ha traído consigo más inversión y más crecimiento, menos pobreza y menos desigualdad. Pero también rentismo estatal, vulnerabilidad externa, y “enfermedad holandesa”, conflictividad y criminalización de la protesta, amenazas al medio ambiente e invasión de territorios indígenas. Esta es la versión latinoamericana y caribeña contemporánea de la maldición de los recursos.

Es frente a esta situación, es frente a este “consenso de las commodities”8 entre derechas e izquierdas latinoamericanas, que surge la propuesta de la transición post extractivista.

Esta propuesta se nutre de la crítica de izquierdas al extractivismo neoliberal que viene desde los años 50 con el pensamiento de Raul Prebisch9/sup> y muchos otros y otras, y la mucho más reciente crítica de izquierda ambientalista al extractivismo nacionalista redistributivo (o neo extractivismo) que le debemos a Eduardo Gudynas y al equipo del CLAES10 y viene siendo desarrollada de manera colaborativa por diversas personas y desde diversos espacios institucionales en varios países de la región. En el caso del Perú, este esfuerzo colectivo ha sido liderado por la Red Globalización con Equidad y se traduce ya en varios textos que exploran políticas públicas para salir del extractivismo neoliberal sin caer en el neo extractivismo nacionalista redistributivo.

Para el caso peruano, la apuesta básica es por una diversificación económica con generación de valor agregado y renta pública desde el uso de recursos renovables, por un cambio sustantivo de la matriz energética, alejándonos de petróleo y luego de las energías fósiles y de las mega represas en general, por un cambio en la institucionalidad pública para lograr un Estado garante de los derechos de los pueblos indígenas y de las poblaciones locales en general y garante de la conservación y uso sostenible de los recursos naturales para beneficio de las futuras generaciones y la humanidad en general. Y todo esto teniendo como telón de fondo un cambio cultural, un cambio en el sentido común predominante que hoy considera que la naturaleza está ahí para sacarle lo más posible en el menor tiempo posible, sin preocupación por el impacto de este extractivismo masivo sobre el medio ambiente y las propias condiciones de reproducción de la raza humana.11

Es importante desarrollar estos debates en todos los países en los que –desde discursos de derechas o de izquierdas– se termina apostando por las extractivas como motor del crecimiento y fuente de renta pública para superar pobreza y generar igualdad.

Es importante hacer desde el activismo, las ONG y la academia, la crítica a los extractivismos vigentes, al mismo tiempo que aportar a la definición de las políticas públicas que puedan ponernos en una ruta diferente, que nos permitan responder a los ineludibles retos de la pobreza y la desigualdad sin sacrificar el medio ambiente y los derechos de los pueblos indígenas.

1 www.eclac.cl/publicaciones/xml/4/50484/EstudioEconomico2013completo.pdf

2 Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva, Comisión Económica para América Latina y el Caribe, “La hora de la igualdad. Brechas por cerrar. Caminos por abrir”, Seminario “Aportes para la agenda de mediano y largo plazo de Paraguay en su Bicentenario”, Asunción, Paraguay, 6 de mayo de 2011, en http://www.eclac.cl/noticias/paginas/8/33638/110506_PresentacionABSeminarioPRYAgendaPais-de-cara-al-futuro.pdf

3 La denominación enfermedad holandesa o “mal holandés” tiene su origen, como su propio nombre indica, en los Países Bajos donde, a comienzo de la década de los años setenta, aparecieron importantes yacimientos de gas que incrementaron fuertemente las exportaciones de dicho producto y, como consecuencia, la entrada de divisas en el país. Esta entrada de divisas condujo a que el tipo de cambio (cotización) del florín holandés se apreciara alcanzando un nivel que ponía en peligro la competitividad externa del resto de los bienes y servicios que exportaba Holanda y, consecuentemente, de los niveles de actividad y empleo dependientes de éstos. Ver más en http://economy.blogs.ie.edu/archives/2007/10/que_es_la_enfer.php#sthash.0dr9fln6.dpuf

4 http://www.conflictosmineros.net/

5 Revenue Watch Institute – Oficina Regional América Latina, Reporte “Minería, Agua y Energía en América Latina”, presentado a la Fundación Heinrich Boell – México, Abril 2014.

6 www.youtube.com/watch?v=PB4Q2T3OGfI

7 www.semanarioaqui.com/index.php/de-sabado-a-sabado/1146-vicepresidente-explotaremos-petroleo-y-gas-de-areas-protegidas

8 Maristella Svampa, “Consenso de los Commodities y Lenguajes de Valoración en América Latina”, en http://www.nuso.org/revista.php?n=244

9 Ver, por ejemplo, http://prebisch.cepal.org/sites/default/files/2013/prebisch_el_desarrollo_eco.pdf

10 http://www.extractivismo.com/documentos/capitulos/GudynasExtractivismoSociedadDesarrollo09.pdf y de manera amplia http://transiciones.org/

11 Ver publicaciones sobre transiciones post extractivistas en Perú y Países Andinos en http://www.redge.org.pe/publicaciones/libros-y-estudios

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