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Boletín # 32
  junio 2012

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De qué tratan el G-20 y Río+20
Iara Pietricovsky - Miembro del Colegiado de Gestión de INESC y del Grupo Articulador (GA) de la Cumbre de los Pueblos representando a la Red Brasil sobre Instituciones Financieras Internacionales, Brasil.

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible (CNUDS) se llevará a cabo entre los días 20 y 22 de junio en Río de Janeiro, Brasil. Río 92 representó el inicio de una serie de conferencias designadas Ciclo Social de las Organizaciones de las Naciones Unidas (ONU). Estas conferencias ampliaron el debate sobre los derechos humanos y los profundizaron, al crear marcos internacionales a los cuales los países se adecuaron o buscaron adecuar, a través de sus constituciones o legislaciones nacionales. Luego de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un nuevo marco de derechos fue conquistado por medio de luchas políticas que tenían como objetivos la justicia social, ambiental, económica y cultural.

Vivimos, al mismo tiempo, en estos últimos 20 años, y en especial en América del Sur, una era de apertura democrática y afirmación de estos marcos de los derechos humanos aplicados concretamente por los gobiernos en la formulación de políticas públicas adecuadas para la realización de estos derechos y la consecuente asignación de los recursos producidos socialmente, recursos públicos, para hacer efectivos esos derechos en la vida práctica y cotidiana de la población. La realización del artículo 2 de la Convención de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (que incluye los derechos políticos y civiles), que obliga a los Estados a utilizar el máximo de los recursos disponibles de forma progresiva y sin discriminación para la realización de los derechos, pasó a ser una orientación política esencial para que los mismos se concreticen en la vida de las personas.

Es así que tanto la Cumbre Oficial de Río+20 desde las primeras reuniones preparatorias oficiales, como el proceso crítico y paralelo de la Cumbre de los Pueblos, son diferentes expresiones de un momento importante de inflexión y urgencia en la búsqueda de un cambio de modelo. Se trata de repensar los paradigmas que vienen orientando históricamente las relaciones de poder, producción y consumo de y entre los países y pueblos del Planeta Tierra. Esta es, más que una conferencia, un proceso que nos obliga a reflexionar con seriedad y responsabilidad sobre lo que hicimos (pasado), cómo estamos (presente), y lo que queremos (futuro).

En 1992, el mundo vivía la expresión máxima del neoliberalismo, asistiendo al desmantelamiento del papel del Estado y la transferencia progresiva del poder a las grandes corporaciones financieras, comerciales, industriales y agrarias. Comienza así un proceso de apropiación privada del espacio público de forma general e irrestricta, inversión de un orden que nos cuesta revertir veinte años después. En 2012 entramos en un proceso de radicalización de la privatización del bien común y del Estado, hegemonizada por corporaciones transnacionales y gobiernos en crisis y tímidos en su capacidad de regular la circulación del capital financiero especulativo, que representa hoy diez veces más que el capital circulante en el mundo, en comparación con el sector productivo real, aquel que produce comida, ropa, etc. Una arquitectura internacional (Instituciones Financieras Internacionales como el Banco Mundial, el FMI o la ONU) que responde a esos intereses privados camuflados con un ropaje de interés público o de combate a la crisis económica.

Tiempos confusos y peligrosos para aquellos que valoran y luchan por procesos democráticos y de afirmación de los derechos humanos como principios rectores de las políticas públicas y de nuevos valores culturales y políticos mediados por el Estado. Pensar el mundo desde los enfoques tradicionales de los Estados republicanos con sus diversos matices democráticos ya no funciona, debido a que otras dimensiones de la vida más allá del trabajo forman parte del capital; pero todavía el Estado, a través de las políticas públicas, tiene un papel director en la realización de estos derechos.

El sistema capitalista de producción y consumo, modelo basado en valores individuales y de utilización exhaustiva de los bienes naturales, llegó a su punto crítico. Crisis civilizatoria y de subsistencia. Agotamiento general de la capacidad de nuestro sistema de reproducirse con salud y sustentabilidad. Tiempos de excesos enloquecidos, donde lo que importa es ganar y lucrar a cualquier precio. De eso se trata Río+20, un debate que no se inicia ni se agota en la propia conferencia, sino de un proceso de lucha que ya está en curso y donde diferentes visiones, más o menos hegemónicas, están tratando de prevalecer.

Ese agotamiento se refleja concretamente en números desesperanzadores cuando constatamos que existe un billón de personas amenazadas de morir de hambre, que la distancia entre ricos y pobres está aumentando, con el 70% de los recursos mundiales disfrutados por el 20% más rico, en tanto aquellos que están en el quintil inferior se quedan solamente con el 2%. Pero también en la ausencia de voluntad política de los países más ricos en cambiar su patrón de consumo y estilo de vida (porque en gran medida de eso se trata, los más ricos son los mayores responsables de este patrón que se muestra agotado y en crisis). Lagunas y falta de voluntad política en la implementación de los Acuerdos internacionales, Agenda 21, Principios de Río, que salieron de Río92 y de todos los otros del Ciclo Social. Nuestra crisis es de implementación y no de ausencia de un marco decente para que podamos hacer un cambio en el modelo de desarrollo. Es una crisis política y económica, donde los verdugos defensores de un modelo predatorio insisten en su sobrevivencia y hegemonía.

Esta tensión está también presente en las negociaciones oficiales del llamado Borrador Cero, titulado “El Futuro que Queremos”, para Río+20. Los gobiernos no se muestran dispuestos a asumir las responsabilidades que les fueran concedidas para hacer cambios. Implementar el marco regulatorio internacional construido en las décadas pasadas ya sería suficiente para producir una verdadera revolución en las prácticas y valores para un futuro basado en la justicia ambiental, social, cultural y económica. Infelizmente no es eso lo que estamos viendo.

Al contrario, lo que vemos son gobiernos fragilizados, una ONU fragilizada y sumisa a los intereses de aquellos que poseen poder y capital para imponerse sobre los derechos de los pueblos y las naciones. Los grandes vencedores de estas negociaciones serán las corporaciones que están encontrando el camino para dejar plasmadas sus posiciones dentro del texto negociado. Y cómo lo hacen: vacían todo el contenido de compromiso con los derechos humanos, reafirman un modelo a través del concepto de economía verde, disminuyen la articulación entre los tres pilares (económico, social y ambiental) y montan un sistema de medición de la “economía verde inclusiva y de combate a la pobreza”, los llamados Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS), que no pasan de ser una reedición de los fracasados Objetivos del Milenio acordados en el año 2000 por la ONU.

El Borrador Cero ignora el camino de la afirmación de la justicia social, de los derechos humanos y de la justicia ambiental, optando por el crecimiento y la expansión del modelo económico existente, tornándolo “verde” y transformando todos los servicios de los ecosistemas en commodities y productos de mercado. La afirmación del marco de los derechos humanos, en este sentido, es fundamental porque genera la obligación de los Estados para su realización y señala que deberían ser éstos, por medio de sus gobiernos elegidos democráticamente, los realizadores e implementadores de los mismos, subordinando lo económico a las otras dimensiones humanas y ambientales.

Sin embargo, si se observa atentamente el documento que se está diseñando, existe una afirmación de los derechos pero con un lenguaje descomprometido. El documento desconstruye la idea de la obligación del Estado para dejarla como una simple referencia. Por el otro lado, privilegia la asociación con el sector privado. Mercantilización y financiarización de los bienes comunes y privatización de las instancias públicas es la lógica que viene organizando todos los debates oficiales de Río+20 y del G-20.

La crisis del modelo es tan fuerte que la lucha por la sobrevivencia se está dando por medio de la constitución de nuevos espacios de gobernanza global como es el caso del G-20; de rediseño institucional, asentado en la captación de financiamiento en el sector privado (el sector privado como socio fundamental por medio de las Asociaciones Público Privadas) y con mayor desregulación de los mercados financieros. Los derechos humanos jaquean, en este sentido, la realización y reproducción de un sistema en crisis. El G-20 nació para resolver, por medio de la regulación del sistema financiero, la crisis del 2008, mientras que hoy, por el contrario, se está hablando nuevamente de desregular: más libre mercado, más especulación, ningún freno al Casino instalado en las relaciones económicas y comerciales.

Las negociaciones del pilar económico se están dando en el ámbito del G-20, entre otros arreglos entre países ricos y en desarrollo (BRICS, IBAS, BASIC)1, mientras que en Río+20 los debates se dan en el ámbito ambiental y social restringido a la idea de la economía verde, inclusiva y de combate a la pobreza. Como si el mundo, en el estado en que se encuentra hoy, pudiese resolverse con el combate a la pobreza. El G-20 no es legítimo para lidiar con las necesidades de los pueblos y de la naturaleza, mucho menos para deliberar en nombre de las naciones que están ausentes. El hecho de que se constituyan como la mayoría de la población, de los productores de alimentos y detentores del poder económico, no les da el derecho de decidir en nombre de los otros. La democracia implica inclusión de las minorías en igualdad.

Y todo esto sin mencionar que hoy se ha dado una inversión del poder económico que detentan los países llamados desarrollados en crisis y los países en desarrollo creciendo cada vez más, aunque sea de forma insustentable. Mientras tanto, eso no se refleja en la composición de las instituciones financieras internacionales, pues el G-7 continúa repartiendo el juego.

¿Es ese el futuro que queremos? La respuesta deberá darse a través de mayores luchas políticas y una movilización general e irrestricta contra la subordinación de los Estados y de los pueblos al mundo de la lógica del capital y de los intereses privados como conductores de nuestras vidas. Procesos como el levantamiento del norte de África, los indignados de España, los estudiantes de Chile, entre otros, son expresión de la insatisfacción de las grandes mayorías. Es en este sentido que nosotros nos reunimos en la Cumbre de los Pueblos. Reorganizar nuestro campo de luchas para disputar sentidos y realizar el contrapunto, la contra hegemonía necesaria en la afirmación de aquello que creemos debe ser el norte de la Humanidad: procesos diversos, democráticos y de afirmación de los derechos humanos de forma radical e innegociable.

1BRICS: Brasil, Rusia, India, China, Sud África; IBAS: India, Brasil, África del Sur; BASIC: Brasil, África del Sur, India, China. :: IMPRIMIR


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